Los Kanamitas y la sobreinformación

Tras la publicación de la entrevista sobre software online, una abogada y amiga (desmitificando la idea de que no se puede ser amigo de los abogados) llamada MarÃa Elena Casañas me recomendó un atractivo relato de 1950 del escritor Damon Knight llamado “To Serve Man”. Se trata de un entretenido texto que al leerlo nos dá la impresión de haber conocido ya con anterioridad el desarrollo de la fábula. Quizás es porque el mismo fue interpretado en la antigüa serie televisiva estadounidense “The Twilight Zone” y 30 años más tarde parodiado en “Hungry are the Damned”, un capitulo de la serie animada The Simpsons. Incluso es posible rastrear vestigios y alusiones a este cuento en una gran cantidad de obras creativas.
Más allá de las anécdotas que giran entorno al relato de Knight, su lectura me ha hecho repensar sobre varios de los temas tratados en la mencionada entrevista con Gilles Marco Salomone.
El poderoso accionar mediático de estas grandes y nuevas formas de servicios-negocios que se gestan en la red comienzan a conducir, según la visión de varios autoproclamados especialistas de la Red, las nuevas formas que abordará la Web 2.1/3.0. AsÃ, estos grandes consorcios de información y publicidad se dibujan entre una ambibalencia que consigue que hasta a los teóricos y hacktivistas más crÃticos duden en confrontarlos. Sucede que las herramientas que proveen permiten sin lugar a dudas una enorme posibilidad de innovación y se han vuelto recursos a los que nadie parece renunciar a la hora de zambullirse en Internet. Cuales regalos mágicos de la civilización Kanamita que describe Knight en “To Serve Man”, estas herramientas prometen acabar con todos los problemas que el capitalismo no ha podido solucionar desde sus inicios. Asà la gran Red de los Kanamitas prometen un acceso al conocimiento y la información indiscriminado, educación para todos, la transparencia del Estado y el fin de la corrupción de los gobernantes (misión a la que promete abocarse Lawrence Lessig luego de parir sus Creativos Comunes).
La sobreinformación de la Red es una caracterÃstica determinante incluso antes de la aparición de corporaciones como Google. La aparición de este y otros servicios orientados a “brindar” recursos en Internet han conseguido constituirse con una presencia prácticamente absoluta en los terrenos donde se mueven. AsÃ, la sobreinformación inutilizable parece cobrar sentido y forma con la llegada de Google. Existe entonces una construcción de discurso y realidad donde lo que existe es lo que muestra el buscador. La realidad es una construcción del aparato mediático privado e Internet parece condenada a eso también.
¿Cuál es el problema entonces? Una realidad pseudo-virtualizada controlada por actores invisibles e incuestionables que como si fuera poco, adoptan la forma de “potenciadores de innovación” o “negocios abiertos” (como si “abriendo” el capital se volviera menos nocivo). Intentando crear, en términos marxistas, una falsa conciencia en la mayorÃa de sus usuarios y crÃticos que parecen no comprender el intento de estos oligopolios por negar su propia naturaleza.
¿Será que ya no podemos prescindir de ellos?¿Será que su inexistencia nos llevará a la pesadiila de los mercachifles piscitellianos, la “Era de la Desinformación”?
Si ese caos informacional no es tal gracias a la existencia de Google y sus amigos, permitanme desconfiar de la aceveración de que no existe desinformación o sobreinformación. Parece ser cierto que hoy tenemos poderosas herramientas para organizar y categorizar el discurso de los medios, sin embargo parece que estamos ante una forma de sobreinformación mucho más dañina que aquella a la que nos enfrentarÃamos si no tuvieramos estos “regalos kanamitas”.
No se explica entonces porque si vivimos en la era de la sobreinformación organizada y accesible (gracias a las bondades Kanamitas) la mayorÃa se subsume ante la mentira de que la realidad es la que reflejan estos Kanamitas. Nada de esto parece ser nuevo. En el siglo XVIII, Hume ya se asombraba por las formas en que se estructuraba el poder entorno al discurso de los poderosos (Kanamitas):
“No habÃa nada más sorprendente que ver la facilidad con que los muchos son gobernados por los pocos; y observar la sumisión implÃcita con que los hombres renuncian a sus propio sentimientos y pasiones ante los de sus gobernantes. Cuando investigamos por qué medios se produce esta maravilla, descubrimos que, dado que la fuerza está siempre del lado de los gobernados, los gobernantes no tienen nada que los respalde salvo la opinión. Asà pues, el gobierno se basa tan sólo en la opinión; y esta máxima se extiende tanto a los gobiernos más despóticos y más militares como a los más libres y más populares.â€?

